La paradoja de la colaboración. Eyal Weizman

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“Una de las cosas más repugnantes ocurre cuando tus sueños secretos
te son impuestos brutalmente desde el exterior.
Tenemos un bonito nombre para un sueño hecho realidad así:
se llama pesadilla”
-Slavoj Žižek

En el horizonte del concepto de participación —como su absoluto más extremo—esta la idea de colaboración. La colaboración podría considerarse como la tendencia, forzada o voluntaria, de adaptar las acciones propias con los objetivos de poder, ya sea políticos, militares, económicos o una combinación de todos ellos. Las alusiones históricas son claras. Esta alineación se justifica usualmente como una solución de sentido común, aunque trágica, a un problema de límites. El dilema de la participación/colaboración implica un sistema cerrado en el que las opciones disponibles para elegir, y aquellos que las presentan, no pueden ser cuestionados. Tratando de forzar la obediencia del sujeto, se le plantean un conjunto de alternativas de manera que los “sujetos libres”, escojan con el interés de moderar los daños, terminando así al servicio de los objetivos de este poder. De esta manera, la participación nos plantea una serie de dilemas políticos y éticos que demandan un estudio lúcido de la alineación de los poderes alrededor de la arena donde se le invoca.

La paradoja de la participación impacta más a las organizaciones no gubernamentales independientes que conforman la ecología de la crisis contemporánea. La paradoja surge cuando se crea un terreno común, donde los activistas deben cooperar con los mismos Estados, ejércitos o milicias a los que originalmente pretendían enfrentar. Así, por ejemplo, un oficial del ejército que intenta administrar la vida común de manera “iluminada” podría buscar la colaboración de los agentes humanitarios que a su vez necesitan el permiso militar para proporcionar suministros vitales y asistencia médica. De alguna forma, la lógica de esta participación podría oscurecer las diferencias morales fundamentales entre estos grupos.

En el centro mismo de las paradojas de participación hay un compromiso táctico que a menudo degenera en una imposibilidad estructural —que involucra al Estado y a su oposición en un abrazo mutuo, transformando a las organizaciones no gubernamentales en participantes de facto de un sistema difuso de gobierno en el que el Estado externaliza su inseguridad ética a una agencia ética no gubernamental, y esta agencia delega su reclamo de eficacia en el Estado.

Entre el rechazo y la unión táctica, la dificultad del problema de la participación consiste en practicarla y en evitarla. No hay, por supuesto, una formula general de tratar este dilema, pero los debates de una práctica de pensamiento político deberían insistir en la orientación de los patrones políticos y en expandir los límites del problema tanto en el espacio como en el tiempo. Lo primero, tratando de identificar las conexiones políticas más extensas y complejas, a través del estudio y análisis del campo de fuerza alrededor y fuera del dilema; y lo segundo, analizando con conciencia de futuro.

Los antiguos griegos veían los dilemas como uno de los elementos de la tragedia. Cada una de las opciones que un “héroe trágico” enfrentaba, conducía necesariamente a diferentes formas de terrible sufrimiento, y el dilema se presentaba como una elección entre los dos cuernos de un toro furioso. Pero el dilema, si seguimos pensando en los mismos términos, no sólo debería ser cuál de los dos cuernos elegir, sino decidir si se aceptan los términos absolutos de la cuestión y escoger en consecuencia. Robert Pirsig sugiere varias maneras de subvertir esta complicidad de los opuestos: uno puede “negarse a entrar en la arena”, “echar arena en los ojos del toro”, o “cantarle al toro hasta que se duerma”.

Los activistas políticos y espaciales estarán siempre dentro de una arena de luchas en situaciones comprometidas. Pero este tipo de prácticas deben buscar formas de desafiar las pretensiones de verdad, y por consiguiente la base de autoridad de los poderes con los que cooperan y a los que se enfrentan —buscar y cuestionar a las personas que colocaron sus toros ante nosotros y que luego nos pidieron que escogiéramos el menor de sus dos cuernos.

Cuando esto es imposible, la negativa todavía puede considerarse como una forma efectiva de acción política. Pero esta opción debe reservarse a los que en caso contrario pueden y van a actuar.

—Eyal Weizman.

Prologo del libro “La Pesadilla de la Participación” de Markus Miessen de pronta publicación.
Mayo 2014, dpr-barcelona.
/// El libro se presentará el 2 de Mayo en el EACC en el simposio ‘Espacios de Anticipación‘, un proyecto de Lorenzo Sandoval.

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