La ciudad provoca la ilusión de que la tierra no existe*

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En 1960 el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) publicó un sistema radical de clasificación de suelos conocido como la Séptima Aproximación y que se ha convertido en la metodología más utilizada para clasificar los suelos alrededor del mundo. [1]

El estudio científico del suelo tiene sus orígenes alrededor de la década de 1860-70 con el trabajo de geógrafo ruso Vasily Dokuchaev, quien describía el suelo como un cuerpo vivo en sentido biológico. Esta percepción del suelo como materia vital y reserva para uso humano, tuvo una importante resonancia a finales del siglo XIX, en un momento de mecanización de la agricultura y su consideración como disciplina orientada a la optimización del cultivo de alimentos. La limitación de este método es que las taxonomía se basaba fundamentalmente en la historia geológica y generaba diferencias de opinión en la clasificación. Desastres ecológicos producidos por la erosión debida al uso intensivo del suelo, como el Dust Bowl en la década de 1930, demandaban una revisión de la clasificación que, tras sucesivas “aproximaciones”, derivaron en la Séptima Aproximación que es la taxonomía más utilizada actualmente.

La novedad introducida por la Séptima Aproximación es que se basa en una detallada descripción del suelo basándose en su morfología y no en su procedencia. El sistema tiene sin embargo limitaciones para clasificar suelos urbanos o aquellos que han sido modificados por la acción humana. Las limitaciones de taxonomía morfológica del suelo son más evidentes a media que aumenta el número y dimensiones de las ciudades y por tanto el porcentaje de suelo urbanizado. Así, los impactos debidos a la acción humana han sido de alguna forma relegados en la Séptima Aproximación y solo se reseñan como un conjunto de contingencias a las que está sujeto el “suelo natural”. De esta forma el sistema funciona básicamente para describir un mundo sin humanos. Esta concepción ha facilitado que se difundan e institucionalicen ciertas ideologías respecto a lo que se considera paisaje natural y su supuesta contraparte: el paisaje artificial o construido.

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Mapa Geológico de Nueva York. Lower Hudson Sheet [detalle], 1970. Fuente: New York State Museum.


Cuando se estudian los mapas de la USDA en las áreas urbanas, pueden observarse grandes superficies oscuras, que curiosamente coinciden con los límites de las ciudades. Esta característica llamó la atención del arquitecto y paisajista Seth Denizen del Departamento de Arquitectura del Paisaje de la Universidad de Virginia. Denizen ha desarrollado una sugerente investigación que constituye la actualización de uno de los proyectos taxonómicos más grandes del mundo, en la que se definen los suelos urbanos como el producto geológico de las ciudades y los seres humanos que las construyen. Su sistema llamado La Octava Aproximación
 toma la intervención humana como condición previa para la clasificación del suelo, proponiendo así una revisión del concepto mismo de naturaleza y que de alguna forma coincide con quienes proponen que nos adentramos en una nueva era geológica: el Antropoceno, marcado por el impacto global que tienen las actividades humanas sobre los ecosistemas terrestres .[2]

La acción del ser humano, materializada al extremo en la construcción de la ciudad, se caracteriza por un consumo constante y creciente de recursos materiales y energéticos. El crecimiento de la ciudad se basa en la sustracción de materia geológica y su reconfiguración dentro de una serie de capas que en definitiva constituyen un nuevo sustrato dentro del sistema geológico que ha sido transformado y que ahora la acoge. Esta dinámica de configuraciones y reconfiguraciones se altera constantemente con la adición de nuevas capas de interacción material y digital, que también son posibles gracias a la sustracción de minerales procedentes de otras realidades geológicas [3].

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Ficha Taxonómica con deposiciones urbanas y capas viales unidas a capas geológicas. La Octava Aproximación. Seth Denizen 


La vitalidad de los sistemas urbanos genera cambios geológicos en un espacio temporal tan reducido que no se puede reflejar en la clasificación morfológica de la Séptima Aproximación que tiene consistencia con tiempos de formación mucho más amplios y en terrenos no sujetos a la acción humana.

La taxonomía propuesta por Denizen considera que los suelos urbanos son el resultado de un proceso constante de deposición. El ciclo de consumo provocado por un modelo económico que alienta el crecimiento produce constantemente materiales, que terminan incorporándose al suelo en forma de infraestructura urbana, productos y desechos controlados e incontrolados. La taxonomía se conecta con las precedentes y agrega cuatro niveles de clasificación que toman en cuenta sucesivamente: la cantidad y el tipo de deposición (orgánica o no orgánica), el nivel de manufactura, el tiempo de deposición, y el diagnóstico de su estado. Por su naturaleza, esta taxonomía nunca estará completa, ya que refleja dinámicas urbanas que se encuentran en un estado de transformación continua. Pero esta temporalidad es la que aporta su valor, ya que permite que los procesos de urbanización completen la representación del suelo con un lecho que acoge cuerpos, edificios y desechos; llenando así los espacios oscuros en la clasificación convencional.

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Deposición. La Octava Aproximación vincula los procesos de urbanización a la formación del suelo donde se asientan.


De esta forma la taxonomía adquiere sentido, ya que toma en cuenta la contundencia de las dinámicas urbanas que actúan como bulldozers en el suelo que las acoge y que generan procesos de transformación que “tienen un devastador perfil de grandeza primordial y son, en muchos sentidos, más asombrosos que el proyecto terminado, ya sea una carretera o un edificio.
”[4]

La taxonomía de Denizen facilita que percibamos como un todo la geología y la producción humana. Es una herramienta útil para adquirir conciencia de que estamos definiendo activamente las características biológicas y geológicas de nuestro futuro a corto y largo plazo. Impregna una dimensión ética y política a nuestra forma de construir y habitar la ciudad; alejada del buenismo sustentable que de forma sutil diferencia y promueve el consumo de “lo natural” como una condición que puede existir separada de la lógica de crecimiento capitalista que pretende revertir.

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* Robert Smithson [1968]

Artículo publicado originalmente en la sección ‘Diseñar el Territorio, pensar el paisaje’ de revista La Tempestad, Septiembre–Octubre 2015, México.

[1] El Web Soil Survey (WSS) ofrece datos exhaustivos de la composición del suelo y constituye el sistema de información de recursos naturales más grande del mundo.

[2] Seth Denizen en conversación con Etienne Turpin. The Stratophysics of Urban Soil Production en Land & Animal & Nonanimal. Intercalations 2. K Verlag Press y Haus der Kulturen der Welt. Berlin, 2015. p 50-73

[3] La fabricación de dispositivos móviles es posible entre otras cosas a la explotación de yacimientos de coltán en países tan distantes del lugar de consumo, como la República Democrática del Congo y Bolivia.

[4] Robert Smithson. Una Sedimentación de la Mente: Proyectos Terrenos. Selección de Escritos. Alias, Mexico, 2009. p. 116-117

Puedes consultar el reporte de investigación de Seth Denizen aquí, en este video de “La Octava Aproximación” emulando Powers of Ten y en twitter como @sethdenizen


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