¿Quién es David Guetta?

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“¿Quién es David Guetta?” Le pregunté a mi hijo de 12 años cuando, triunfalmente, anunció que asistiría a un concierto de Guetta. Mi hijo me volteó a ver como si fuera un completo idiota, contestando: “¿Quién es Mozart? Googlea Mozart y obtendrás 5 millones de hits, googlea Guetta y obtendrás ¡20 millones!” En efecto, googleé Guetta y descubrí que realmente es algo parecido a un curador de arte de los de hoy en día: no es simplemente un DJ, sino un DJ “activo” que no solo utiliza, sino que incluso mezcla y compone la música que presenta, como los curadores de arte que ya no solo recopilan trabajos para una exhibición, sino que con frecuencia los comisionan, explicando a los artistas lo que quieren. Y lo mismo aplica para David Simon, curador de la multitud de directores y guionistas (hasta Agnieszka Holland) que colaboraron en The Wire.

Las razones no son simplemente comerciales; es también la incipiente forma de un nuevo proceso colectivo de creación. Es como si efectivamente el Weltgeist hegeliano se hubiera trasladado recientemente del cine a las series de TV, aunque aún se encuentra buscando su forma: el Gestalt de The Wire no es el de las series—el mismo Simon ha hecho referencia a The Wire como una sola película de 66 horas. Además, The Wire no es solo el resultado de un proceso creativo colectivo, sino algo más: abogados reales, adictos a las drogas, policías, etc., que se caracterizan a sí mismos; incluso los nombres de sus personajes son condensaciones de los nombres de personas reales de Baltimore (el nombre de Stringer Bell es una composición de dos capos de la droga de Baltimore, Stringer Reed y Roland Bell). The Wire por lo tanto provee un tipo de auto-representación colectiva de una ciudad, como la tragedia griega en la que una polis colectivamente representa su experiencia.

Si The Wire es un caso de realismo televisivo, entonces significa que no es tanto un realismo-objeto (una presentación realista de un medio social), sino más bien un realismo-sujeto, es decir, un film presentado por una unidad social actual precisamente definida. Este hecho se confirma por una escena clave en The Wire cuya función es precisamente la de marcar la distancia hacia cualquier realismo crudo, la famosa investigación »todos-jodidos« en la Temporada I, Episodio 4. En un primer piso vacío de un edificio de apartamentos, hubo un asesinato 6 meses atrás, los detectives McNulty y Bunk, con una silenciosa ama de casa como testigo, tratan de reconstruir cómo sucedió, y la única palabra que pronuncian durante su trabajo es una variación de “joder”—la usan 39 veces seguidas, en muy variadas formas—que llega a no significar nada, desde una molesta muletilla hasta un triunfo exaltado, desde dolor o decepción o shock hacia el horror de un sangriento asesinato, hasta una agradable sorpresa, alcanzando su clímax en la reduplicación auto-reflexiva de »¡jodido joder!«.

—Slavoj Žižek, 2012.

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Introducción del libro The Wire, Slavoj Žižek.
Traducción de Manuel Vargas Ricalde.
dpr-barcelona, 2016.

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